La humillación +
Peliculón
Empecemos por la humillación, después la peli.
Mientras que en la Biblia la humillación es un acto bueno, de
pura bondad, porque la humildad que deviene de humillarse ante el Señor es lo
que le permite al hombre de a pie (y sin zapatos) reconocer en aquel la vida
que vive.
Recuerdo que el Padre Farinello decía que en Villa Fiorito vivía un niño al que le decían el “Pelusa”. Un día, ese chico humilde dormía medio destapado, y por ahí pasaba Dios que al verlo tan tierno le tocó la pierna izquierda (la zurda) y se la bendijo.
Ser humilde, desde la Biblia hasta no hace mucho ha sido un
valor, una virtud.
Pero claro, el hacedor de la luz corre con ventaja de más de 20 siglos (en nuestro caso), por lo tanto al “Barba” le resulta más sencillo que las personas entren a una iglesia para ser alabado y respetado, temido también, temido… (“De Dios para abajo no le tengo miedo a nadie”, dijo un riojano); en cambio, al señor prepotente… masomaso, no la tiene tan segura.
Sin embargo, a los "señores" terrenales les basta con tener un pedacito de poder para exigir la humillación debida. Un maestro de los de mi infancia
por ejemplo alentaba a los pibes de guardapolvo blanco a cantar:
“No sabe no sabe tiene
que aprender, orejas de burro le vamos a poner.” Y así era, el que no estudiaba
o no sabía, se pasaba una hora (cátedra) mirando un rincón del aula con un
bonete hecho en la clase de “Manualidades”.
Y ahí empieza la construcción del mejor método de control
creado por el hombre de carne y huesos (pido perdón, no quiero ofender pero… supera en efectividad a la Biblia): el miedo a
ser humillado.
Casi todo el mundo conoce a Roberto Galán (bueno, no me peguen… los de mi edad, los argentos, en fin) ¿Se acuerdan de “Si lo sabe cante” en Canal Nueve? A diferencia de los concursos de hoy en día en el que se elijen a los mejores, en aquel programa la gracia no consistía en “saber cantar”, sino en hacer pullas a los “perros” que ladraban desafinadamente una balada, un twist, un bolero o un tango. Todos los televidentes esperábamos el abucheo, el chiste hiriente del conductor, nos reíamos del “perro” cantor.
¡Qué manera de gozarlo al tipo! Imaginen cuando llegaba al
barrio después del papelón en la pantalla blanca y negra, al pobre se le cagaban
de risa hasta el padre, ni hablar de los hermanos o los amigotes, ¡los compañeros del
secundario! Otra que bullying, lo manteaban, le pegaban chicles Bazooka en los
pelos, le aplastaban una banana pasada en el portafolios.
Teoría
(ponéle):
https://www.redalyc.org/journal/774/77457318002/html/
(Liliana Molina, intervenida al gaucho por G.S.)
¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué no sentimos empatía por el
cantor desafinado? ¿Por qué festejamos los chistes que le gasta el conductor
del programa?
Y, macho, ¿por qué va a ser?: hay que cuidarse en salud, el
tipo es el dueño del micrófono, tiene un cachito de poder.
Y así fue como el instrumento de dominación llamado
humillación dio como resultado dos tipos de personas: los humildes y los
arrogantes (aquellos que tienen 100 gramos más de poder en el habitus que habita, perdón Bourdieu).
Escena
ejemplificadora:
Cena de año nuevo. Viene el tío Pascual. La hizo. Arrancó
comprando chatarra, hoy exporta acero, cobre y minerales a China. Se sienta a
la mesa y le pregunta a su sobrinita:
-Decime Zoe, ¿ya pensaste qué vas a estudiar cuando termines
el secundario?
-Sí tío, voy a estudiar danza contemporánea.
-¿Y de qué vas a vivir?
-No te preocupes tío Pascual, plata no te voy a pedir.
-¡Ja, qué pícara! Bueno si eso te hace feliz…
Pero resulta que Zoe es rebelde, contestataria, pilla, astuta.
No se deja humillar por el tío cuyo poder consiste en que nadie de los
presentes tenga un milésimo de lo que él acumuló en las Islas Vírgenes. La
chica va y pregunta (¡Se anima a preguntar!)
-¿Y vos tío, estudiaste? Nada, que yo sepa, te dedicaste a comprar
y vender chatarra. Bueno, nada, nada, todo bien… si te hace feliz…
PELICULÓN.
https://www.youtube.com/watch?v=nDJdYvtWBvM
Triangle of sadness, (2022), Palma de Oro, Cannes. Director: Ruben Ostlud, sueco.
Elenco:
Woody
Harrelson, que de
joven hizo el marido de Demi Moore en “Una propuesta indecente” (vendía a la
esposa por un palo verde a Robert Redford, bueno, bueno, la chica tuvo sus
razones para seguir con semejante galán)
Charlbi
Dean Kriek, actriz
extraordinaria, bellísima, falleció muy jovencita sin poder ver esta película.
No
menciono a todos porque es coral.
Le dicen comedia negra los críticos, por suerte
yo no lo soy. No tiene nada de negrura, es
pura luz, ilumina un mundo que ha sido adquirido y es administrado por
puñado de multi billonarios. El director y guionista ejecuta metáforas y
mitemas (si me permiten el cultismo) bien planificados como una comedia en tres
actos y un cortísimo epílogo, que dura menos de cinco segundos, una genialidad:
el mundo fashion, el naufragio de un barco crucero, náufragos en una isla en
medio del océano donde el orden se subvierte, un hombre que corre
desesperadamente.
Una
escena que ligo a la normalización de la humillación (no spoileo)
Señora rusa,
muy pero muy rica le pide a una moza de a bordo un trago para beber al borde de la piscina. Una vez
recibido el colorido drink, le “ordena”
a la azafata que se arroje a la piscina: “Tú tienes derecho de disfrutar de la
vida, ¡vamos hazlo!” La hermosa joven se niega, está trabajando, no se lo
permite el capitán. La señora rica reacciona: “Acá no hay capitán que valga, si
quiero le compro el barco ahora mismo, ¡a la piscina que yo soy el cliente y
así lo quiero, al agua! La chica obedece y con su uniforme de trabajo se arroja
a la pileta a la espera una suculenta propina.
Imperdible. Dicen que está en Prime. Yo pude verla porque soy pariente del pirata Morgan.
¡Hasta la próxima folks!

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