El huevo o la gallina

Leí por ahí que se sabe que fue la gallina. Que habría nacido por generación espontánea o que derivó de otro animalejo que no ponía huevos y entonces la turuleca sería una versión modificada o méritos del antecesor.

Ayer en la tele escuché algo que me movió a escribir: “primero fue el Verbo”, dicho por un señor vestido con ropas extrañas para quien se dice psicoanalista (pero esto carece de importancia).

El entrevistado citaba una cita de Lacan que citaba al Evangelio de san Juan (v.1:1), y de cita en cita, dijo: “En el origen fue el Verbo”

Aquí la cosa se diferencia del dilema del huevo y su mamá.

Un versículo bíblico y miles de millones de evidencias empíricas demuestran palmariamente que el verbo nos precede y por lo tanto se nos introyecta, pero… ¿por quién/es?

 ¿Sólo por la ley del padre? Pero el padre primero fue niño, o sea que sería la ley del abuelo, y antes del abuelo el bis y antes del tatara y así hasta el principio de los tiempos. Pero nunca antes del verbo, provenga de donde provenga. He ahí eso que ignoramos los agnósticos y por lo que pedimos ayuda a filósofos, historiadores, logo sofistas, charlatanes de peluquería y exégetas de las bolas de cristal.

Problema: ¿Quién habla cuando alguien habla?

Hipótesis 1: el hablante (dice Perogrullo, pero no le erra)

Corolario 1: el hablante crea el verbo.

Hipótesis 2: habla el verbo introyectado en el hablante

Corolario 2: el hablante repite.

Uno es hablado

Nadie nace con nombre y apellido: las personas somos hablados por otros hablantes, es una especie de bla bla bla cósmico.

Caaaambia todo cambia

Sin embargo, tenemos prueba suficiente de que el verbo, e´cir, o sea, digamos… este… el logo se ha modificado a lo largo de los milenios; por poner un caso, la palabra “Dios”. Dioses hubo y todavía tenemos como para hacer dulce: los del antiguo Egipto, los de los griegos y latinos, los de los Incas, Yahvé, Maradona, el Hijo encarnado y siguen las firmas.

Entonces, ¿Quién es el coso o la cosa que habla el cambio y desparrama el nuevo logo como las abejas al polen?

Hipótesis 1: el hablante, al momento de poner en palabra el sentido “otro” de lo que él mismo ha hecho con el verbo /  logo que le ha sido introyectado.

(Si se complica, debe leerse esta hipótesis una vez más para seguir la ilación de tal razonamiento)

Corolario: cada uno y cada cual de los hablantes o repiten o crean.

Variante mejor no pensar que…

No solo creamos con los nuevos logos, también destruimos.

Por lo tanto, el libre albedrío divino que heredamos los hablantes puede traducirse como responsabilidad.

Los parlanchines somos responsables de lo que hacemos con las palabras que nos (in) forman, con ellas podemos crear, re crear y destruir.

Responsabilidad, es simple la respuesta, aunque provisoria.

Mirabeau se quedó corto (no por petiso, a mitad de camino quiero decir):

La famosa Declaración enumera los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

¿Perdón? ¿Y las obligaciones, Conde?

Las coartadas mejor pensadas para gambetear las obligaciones del Hombre, la Mujer y el Ciudadano.

A mí la política no me interesa.

No tengo obligación de hacerme cargo de lo que pasa, no soy malo por esto.

La mejor política empieza por casa.

No se puede gastar lo que no hay.

Un Estado es como una familia.

El Estado es como una empresa.

El Estado soy yo, empieza y termina en la punta de mi nariz.

 Las palabras y las cosas (Foucault, Foucault, ¡qué grande sos!)

Un Universo entero separa la palabra de la cosa, esa es la condición de posibilidad del cambio, para bien o para mal.

Ejemplo palmario: la palabra libertad.


 

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