Fingir
Fingir
“Me llama la atención la frecuencia con la que
se utiliza en variados ambientes, tanto en el lenguaje familiar como en las
redes, la expresión fingir demencia. Viene a ser una forma de designar la
indiferencia frente a algo que se ve, pero no se quiere ver. En el lenguaje
corriente se traduciría por hacerse el/la distraído/a o mirar para otro lado
(versión light), hacerse el gil (versión tango) o
hacerse el/la pelotudo/a (la versión más popular quizás). Marcelo Ciamarella,
Cohete a la luna.
"No sabemos lo que nos pasa, eso es precisamente lo que nos pasa", Frase de Ortega que flota en la web.
Diccionario Salz:
Fingir: dícese de la actitud negacionista
disfrazada con el propósito de afirmarse a sí mismo/a, conservar creencias y
prejuicios, subjetividad, identidad.
Frase común
de estas épocas: “Fulano finge demencia”. Metáfora que designa una actitud muy
extendida: la de hacerse el tonto que no entiende lo que es evidente.
Fingir cordura.
Aclaro: la
demencia no implica la maldad, hay locos lindos. Me refiero a los malos.
Existe una
derivación peligrosa del fingimiento y es la condición necesaria para que los
dementes crueles y reales se abran paso en las sociedades para disociarlas.
El
fingimiento de la cordura funciona de manera bidireccional:
Por una
parte, el sensato acusa a sus interlocutores de padecer demencia al no entender que se trata de un gobierno cruel, al tiempo que
considera posible transar con un demente cruel: “con el fascista no se debe debatir,
se lo debe combatir” Sartre, J. P.
Bajando a tierra:
¿Qué niegan
los cuerdos? Se ve bien claro en la política argentina.
Los
racionales bajan a un recinto fingiendo que es una institución republicana real,
defienden con discursos la democracia sin declarar que el demos es ignorado,
hacen denuncias a los poderosos en los tribunales fingiendo que existe la justicia.
“Sin esas
instituciones: ¿Qué opciones tenemos para defender al pueblo?”, dicen los
cuerdos de la política.
Primeramente,
para no fingir cordura, se deberían caracterizar las instituciones:¿. Veamos
estas opciones:
Las legislaturas son anuladas por Decretos
que escriben los poderosos, no pasa ninguna ley que afecte sus intereses.
La democracia funciona siempre y cuando lo
permitan los dueños del poder real, caso contrario el gobierno deja de ser
considerado democrático por estos sectores.
Los tribunales más altos están ocupados por
los abogados empleados (literalmente) de los poderes fácticos.
se trata de una colonia, carece de soberanía para cosas tan simples como dragar un río, controlar un paso fronterizo, obsequiar el oro a los buitres. Sin soberanía no hay nación, hay colonia.
No pretendo imponer mi pensamiento, eso no sirve para nada bueno, por es que invito a un pensamiento colectivo, potencial de un renovado sentido de lo social, del orden social, aquel que diga quién es quién en función de su poder relativo. Guille.
CINE (en casa)
El último duelo.
Mi
compañera de la vida y madre de mis hijas y ellas también pueden dar
testimonio de lo mucho que me cuesta ver una película completa desde una
plataforma sentado en mi sillón preferido. No hay vez que no diga mi consabida
frase de retirada: “bueno, para mí ya está”.
El último duelo, de Ridley Scott (2:35 horas de duración) tenía a priori todas las
fichas para que se repita la derrota, del sillón a la cama, pero no. Quedé
fascinado, sin pestañear siquiera para ver quien ganaba el duelo. No lo voy a spoilear, tranquis.
Empezando
por el director y productor, me preguntaba yo si estaba por ver algo como Napoleón, Robin Hood, Alien, en fin, sabía que prometía.
Miré el
elenco y me dije: “esta me la veo toda”:
Matt Damon
(no necesito recordar quién es esta bestia del arte de la actuación)
Ben
Affleck (tampoco lo presento, obviamente, otro animal del cine)
Adam
Driver (¿Lo tienen? Es el marido en Historia
de un matrimonio con Scarlett Jhoansson)
Jody Comer
(la belleza hecha mujer en el cuerpo de una actriz que sabe de qué se trata
componer un personaje, no solamente prestar su cara a un fotógrafo)
¿Por qué la disfruté tanto?
Me atrapó
con la intriga, no me soltó hasta el
último minuto. Es de época, la
Guerra de los 100 años, me encanta la historia, ni bien terminó googleé para
ver si estaba en lo cierto, y sí, me sentí orgulloso de mí mismo.
Las
actuaciones, el vestuario, las locaciones, la fotografía, la música, las
batallas, en fin no hay excusas tales como “¿podrías pararla un minuto que
tengo que ir al baño”.
Dicen que
en Dysney
+ se puede ver. De ser así…
En inglés
y los subtítulos en español, bajo ningún punto de vista se les debe tapar la
voz a estos actores.
Atención, el Trailler: búsquenlo en Youtube.

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